lunes, 31 de marzo de 2008

Diagramas de Feynman

Un diagrama de Feynman es un gráfico utilizado para analizar el comportamiento entre partículas elementales durante los estudios de física teórica.

Robots astrónomos

El Observatorio Astronómico del Montsec (Cataluña) dispone de un sistema robot de estudio del cielo que utiliza un telescopio reflector de 80 centímetros de diámetro, dotado de una cámara digital de gran formato y una batería de filtros, lo que le permite captar la luz de objetos lejanos. Se utiliza para la búsqueda de planetas fuera del Sistema Solar, novas y supernovas, galaxias y fuentes eruptivas de rayos ganma.

En Wired podemos encontrar información de otros robots astrónomos en otras regiones del planeta.

Documentación sobre productos químicos y su uso

En la página de American Elements se pueden consultar las propiedades y aplicaciones de todo tipo de materiales utilizados en la industria.

Lo mismo se puede conseguir visitando la página Mat Web.

viernes, 28 de marzo de 2008

Microbot espacial

La base para realizar este microbot es el robot “Easy Line - Robot electrónico Monstruo de 6 patas“ distribuido por OPITEC con el número de artículo: 102.115, a un precio de 25,90 €. La empresa OPITEC también dispone de hélices de varios modelos.

El monstruo de seis patas es un robot que evita los obstáculos gracias a que tiene un diodo de infrarrojos como ojo. Este diodo envía una señal que en caso de encontrar un obstáculo es reflejada hacia un fototransistor. El robot gira hacia la derecha y vuelve a andar recto a partir de que tiene el camino libre. El kit se sirve con dos motores con reductor de engranajes, circuito impreso, elementos electrónicos y piezas de madera.Todas las piezas para su construcción están listas para ser montadas.

Las medidas del robot original son: 140 x 130 x 110 mm. Funciona con 1 pila cuadrada de 9 V y 2 pilas mignon AA no suministradas.

Se trata de diseñar un microbot que pueda evolucionar en condiciones de microgravedad, dentro de una nave espacial presurizada. Para desplazarse en el aire de la cabina de la nave se sustituirá el sistema de patas por dos hélices movidas por los mismos motores que accionan el sistema de tracción original.

El circuito electrónico de detección de obstáculos mediante infrarrojos actuará de la misma forma que en el robot original. Cuando detecte un obstáculo en su camino retrocederá ligeramente, girará a la derecha y volverá a avanzar, hasta que de nuevo se vuelva a encontrar con otro obstáculo y se reproduzca el ciclo de órdenes necesario para evitar el nuevo impedimento a su marcha hacia adelante.

El avance y el retroceso se consiguen invirtiendo el sentido de giro del motor. Si los motores hacen girar las hélices en un sentido y estas impulsan el aire hacia atrás, el microbot se verá impulsado hacia adelante. De forma inversa, si las hélices giran en sentido contrario, impulsarán el aire hacia adelante y el vehículo irá hacia atrás.

Haciendo girar los ejes de las dos hélices en sentidos opuestos se puede conseguir que el microbot gire sobre si mismo. Cuando la hélice de la derecha impulsa el aire hacia atrás y la de la izquierda hacia adelante, el microbot gira hacia la izquierda. Si la hélice de la derecha impulsa el aire hacia adelante y la de la izquierda lo impulsa hacia atrás, el microbot gira hacia la derecha.

El experimento consiste en el estudio del comportamiento del microbot en un entorno real en condiciones de microgravedad y ambiente presurizado. Para la realización de la experiencia se ha de determinar el periodo de tiempo durante el cual el microbot evolucionará libremente. Al iniciarse el experimento el microbot se situará en un punto central de la nave, alejado de todo obstáculo. Para evaluar su capacidad de movimiento y de evitar obstáculos, se contabilizarán las vueltas, que en ese periodo de tiempo, pueda dar alrededor en el interior de la nave.

lunes, 24 de marzo de 2008

Reciclado de componentes SMD

En la “Web de Anilandro“ hemos encontrado un artículo que habla de la posibilidad de reciclar componentes electrónicos SMD (Tecnología de Montaje Superficial).

En este artículo se puede enlazar con Workmanship (NASA) en donde se pueden encontrar plantillas con estándares de calidad sobre el montaje de componentes SMD en circuitos electrónicos.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Propuesta de experimentos para el laboratorio europeo “Columbus“

La ESA convoca un concurso de ideas, dirigido a profesores de primaria y secundaria, con el objetivo de proponer ideas para experimentos a realizar en el laboratorio Columbus, situado en la ISS.

Para participar en esta convocatoria de ideas educativas las propuestas deberán presentarse en inglés utilizando el formulario de solicitud que puede descargarse de Internet. Deberán estar en la ESA el 30 de mayo de 2008, como muy tarde.

En otro orden de cosas, en Cosmo Caixa (Barcelona) se puede ver la exposición “Aquí Planeta Tierra“ desde el 13 de junio de 2006 hasta septiembre de 2008.

martes, 18 de marzo de 2008

Dos opiniones sobre Thomas Midgley

Thomas Midgley nació el 18 de mayo de 1889 en Ohio. Estudió ingeniería, aunque terminó dedicándose a la química. Desarrolló el plomo tetraetílico,que durante décadas se utilizó como aditivo para la gasolina, y más tarde los clorofluorocarbonos (CFC).

Ambos productos han sido polémicos y han tenido firmes partidarios y no menos firmes detractores.

Bill Bryson en su libro “Una breve historia de casi todo“ hace una reseña sombría del personaje.

Middley era ingeniero y el mundo habría sido sin duda un lugar más seguro si se hubiese quedado en eso. Pero empezó a interesarse por las aplicaciones industriales de la química. En 1921, cuando trabajaba para la General Motors Research Corporation en Dayton (Ohio), investigó un compuesto llamado plomo tetraetílico (conocido también equívocamente como tetraetilo de plomo) y descubrió que reducía de forma significativa el fenómeno de trepidación conocido como golpeteo del motor.

Aunque era del dominio público la peligrosidad del plomo, en los primeros años del siglo xx podía encontrarse plomo en todo tipo de productos de consumo. Las latas de alimentos se sellaban con soldadura de plomo. El agua solía almacenarse en depósitos recubiertos de plomo. Se rociaba la fruta con arseniato de plomo, que actuaba como pesticida. El plomo figuraba incluso como parte de la composición de los tubos de dentífricos. Casi no existía un producto que no incorporase un poco de plomo a las vidas de los consumidores. Pero nada le proporcionó una relación mayor y más íntima con los seres humanos que su incorporación al combustible de los motores.

El plomo es neurotóxico. Si ingieres mucho, puede dañarte el cerebro y el sistema nervioso central de forma irreversible. Entre los numerosos síntomas relacionados con la exposición excesiva al plomo se cuentan la ceguera, el insomnio, la insuficiencia renal, la pérdida de audición, el cáncer, la parálisis y las convulsiones. En su manifestación más aguda produce alucinaciones bruscas y aterradoras, que perturban por igual a víctimas y observadores, y que suelen ir seguidas del coma y la muerte. No tienes realmente ninguna necesidad de incorporar demasiado plomo a tu sistema nervioso.

Además, el plomo era fácil de extraer y de trabajar, y era casi vergonzosamente rentable producirlo a escala industrial... y el plomo tetraetílico hacía de forma indefectible que los motores dejasen de trepidar. Así que, en 1923, tres grandes empresas estadounidenses, General Motors, Du Pont y Standard Oil de Nueva Jersey crearon una empresa conjunta: la Ethyl Gasoline Corporation (más tarde sólo Ethyl Corporation), con el fin de producir tanto plomo tetraetílico como el mundo estuviese dispuesto a comprar, y eso resultó ser muchísimo. Llamaron «etilo» a su aditivo porque les pareció más amistoso y menos tóxico que «plomo», y lo introdujeron en el consumo público (en más sectores de los que la mayoría de la gente percibió) el 1 de febrero de 1923.

Los trabajadores de producción empezaron casi inmediatamente a manifestar los andares tambaleantes y la confusión mental característicos del recién envenenado. Casi inmediatamente también, la Ethyl Corporation se embarcó en una política de negación serena e inflexible que le resultaría rentable durante varios decenios. Como comenta Sharon Bertsch McGrayne en Protnetheans in the Lab [Prometeos en el laboratorio], su apasionante historia de la química industrial, cuando los empleados de una fábrica empezaron a padecer delirios irreversibles, un portavoz informó dulcemente a los periodistas: «Es posible que estos hombres se volvieran locos porque trabajaban demasiado». Murieron un mínimo de quince trabajadores en el primer periodo de producción de gasolina plomada, y enfermaron muchos más, en muchos casos de gravedad. El número exacto no se conoce porque la empresa casi siempre consiguió silenciar las noticias de filtraciones, derrames y envenenamientos comprometedores. Pero a veces resultó imposible hacerlo, sobre todo en 1924, cuando, en cuestión de días, murieron cinco trabajadores de producción de un solo taller mal ventilado y otros treinta y cinco se convirtieron en ruinas tambaleantes permanentes.

Cuando empezaron a difundirse rumores sobre los peligros del nuevo producto, el optimista inventor del etilo, Thomas Midgley, decidió realizar una demostración para los periodistas con el fin de disipar sus inquietudes. Mientras parloteaba sobre el compromiso de la empresa con la seguridad, se echó en las manos plomo tetraetílico y luego se acercó un vaso de precipitados lleno a la nariz y lo aguantó sesenta segundos, afirmando insistentemente que podía repetir la operación a diario sin ningún peligro. Conocía en realidad perfectamente las consecuencias que podía tener el envenenamiento con plomo. Había estado gravemente enfermo por exposición excesiva a él unos meses atrás y a partir de entonces no se acercaba si podía evitarlo a donde lo hubiese, salvo cuando quería tranquilizar a los periodistas.

Animado por el éxito de la gasolina con plomo, Midgley pasó luego a abordar otro problema tecnológico de la época. Los refrigeradores solían ser terriblemente peligrosos en los años veinte porque utilizaban gases insidiosos y tóxicos que se filtraban a veces al exterior. Una filtración de un refrigerador en un hospital de Cleveland (Ohio) provocó la muerte de más de cien personas en 1929.4 Midgley se propuso crear un gas que fuese estable, no inflamable, no corrosivo y que se pudiese respirar sin problema.

Con un instinto para lo deplorable casi asombroso, inventó los clorofluorocarbonos, o los CFC.
Raras veces se ha adoptado un producto industrial más rápida y lamentablemente. Los CFC empezaron a fabricarse a principios de la década de los treinta, y se les encontraron mil aplicaciones en todo, desde los acondicionadores de aire de los automóviles a los pulverizadores de desodorantes, antes de que se comprobase medio siglo después que estaban destruyendo el ozono de la estratosfera. No era una buena cosa, como comprenderás.

El ozono es una forma de oxígeno en la que cada molécula tiene tres átomos de oxígeno en vez de los dos normales. Es una rareza química, porque a nivel de la superficie terrestre es un contaminante, mientras que arriba, en la estratosfera, resulta beneficioso porque absorbe radiación ultravioleta peligrosa. Pero el ozono beneficioso no es demasiado abundante. Si se distribuyese de forma equitativa por la estratosfera, formaría una capa de sólo unos dos milímetros de espesor. Por eso resulta tan fácil destruirlo.

Los clorofluorocarbonos tampoco son muy abundantes (constituyen aproximadamente una parte por cada mil millones del total de la atmósfera), pero poseen una capacidad destructiva desmesurada. Un solo kilo de CFC puede capturar y aniquilar 70.000 kilos de ozono atmosférico. Los CFC perduran además mucho tiempo (aproximadamente un siglo como media) y no cesan de hacer estragos. Son, por otra parte, grandes esponjas del calor. Una sola molécula de CFC es aproximadamente diez mil veces más eficaz intensificando el efecto invernadero que una molécula de dióxido de carbono... y el dióxido de carbono no es manco que digamos, claro, en lo del efecto invernadero. En fin, los clorofluorocarbonos pueden acabar siendo el peor invento del siglo xx.

Midgley nunca llegó a enterarse de todo esto porque murió mucho antes de que nadie se diese cuenta de lo destructivos que eran los CFC. Su muerte fue memorable por insólita. Después de quedar paralítico por la polio, inventó un artilugio que incluía una serie de poleas motorizadas que le levantaban y le giraban de forma automática en la cama. En 1944, se quedó enredado en los cordones cuando la máquina se puso en marcha y murió estrangulado.

Por su parte Joe Schwarcz en su libro “Radares, hula hoops y cerdos juguetones“ defiende al gran químico que fue Thomas Midgley.

La medalla Perkin es uno de los galardones más prestigiosos que se conceden en el mundo de la química. Se otorga anualmente y se presenta durante la celebración de una gala formal, que se corona con el discurso del ganador. La mayoría de los galardonados pronuncian el discurso típico: dan las gracias a todo el que está a la vista y rememoran su larga carrera en la química. Sin embargo, el discurso del ganador del premio de 1937, Thomas Midgley, fue diferente. Midgley inició su charla inhalando un poco de gas freón, y luego lo expulsó dentro de un tubo en el que había una vela encendida, apagándola. Fue una demostración sensacional de la no toxicidad y no inflamabilidad de este gas, pero ¿por qué Midgley se dio el gusto de hacer una exhibición tan teatral en una ceremonia académica de etiqueta? Pues para convencer a la comunidad química de que el freón, o diclorodifluorometano, era una sustancia excelente para usarla como refrigerante.

Midgley recibía el premio por su descubrimiento de las propiedades antichoque del plomo tetraetilo en la gasolina, pero su proyecto preferido en aquel momento era la sustitución, en los refrigeradores, del amoniaco y el dióxido de sulfuro, que resultaban problemáticos. Al inventor le estaba costando mucho convencer a los fabricantes de neveras de la seguridad del freón, y supuso que su demostración en la muy celebrada gala de la entrega de premios le ayudaría a reunir apoyos. La estratagema funcionó, y pronto los frigoríficos y los acondicionadores de aire empezaron a zumbar cargados con freón, en sustitución del amoniaco y el dióxido de sulfuro, productos tóxicos. Los usuarios ya no tendrían que preocuparse más de las tuberías corroídas ni la fuga de gases peligrosos. Las ventas de frigoríficos subieron y las intoxicaciones alimentarias descendieron; todo parecía correcto en el mundo.

Pero entonces, el cielo empezó a caerse o, al menos, se abrió y permitió que lo atravesara una dañina luz ultravioleta. En la década de 1970, había brotado la preocupación de que los clorofluorocarbonos —o CFC, como se conocen— no fueran tan benignos como se pensaba. Cuando escapaban de los pulverizadores, los frigoríficos o los acondicionadores de aire, ascendían a la capa superior de la atmósfera, donde destruían poco a poco la capa de ozono que nos protege del exceso de rayos ultravioleta. Pronto se prohibieron los pulverizadores impulsados por freón, y se hicieron planes para la final liquidación de todos los CFC: el héroe se estaba convirtiendo en el villano.

Thomas Midgley no vivió lo bastante para poder presenciar el derrumbe de su invento, y fue una pena pues sin duda su brillante inteligencia hubiera encontrado una solución al problema. El destacado químico enfermó de polio y quedó confinado en el lecho. Como todavía estaba mentalmente activo, ideó un sistema de poleas para poder salir de la cama, pero un día se enredó accidentalmente con las cuerdas y se estranguló. En mi opinión, la ciencia perdió ese día a una auténtica figura, aunque no todo el mundo estaría de acuerdo conmigo. Hace unos años, tuve el dudoso placer de asistir a una obra de teatro, supuestamente educativa, patrocinada por la Liga de Mujeres de Quebec, que retrataba a Midgley como un desalmado que había recibido un justo castigo por una vida entera dedicada a la contaminación. Repleta de frases memorables, tales como «Thomas está muerto y enterrado. Ya ha dejado de contaminar», la parodia acababa con la advertencia de que debemos guardarnos de ser tan estúpidos como Thomas Midgley. Parece que los educadores responsables de la obra necesitaban algo de educación.

En el contexto de la década de 1930, las contribuciones de Midgley fueron espectaculares. Nadie podía predecir que, cincuenta años más tarde, aquellos CFC pioneros abrirían un agujero en la capa de ozono. En aquella época, la falta de refrigeración y las intoxicaciones alimentarias que se derivaban de ello eran un problema mayor. No se puede dudar de que las contribuciones de Midgley a la ciencia de la refrigeración salvaron muchas vidas. Su retrato como un bribón sin compasión sólo demuestra la ignorancia de los realizadores de aquella pieza teatral anticientífica y absurda.

De hecho, en la saga de los CFC hay otros que sí son unos verdaderos sinvergüenzas. Los controles de la producción y el uso de los CFC que impuso el protocolo de Montreal, en 1987, han dado ocasión a un nuevo negocio muy provechoso: el contrabando de clorofluorocarbonos a gran escala. Hay mucha demanda de estas sustancias porque las alternativas legales que se han desarrollado, los conocidos como hidrofluorocarbonos (HFC), exigen una amplia modificación de los refrigeradores y acondicionadores de aire existentes. En todas partes, rehacer un sistema de aire acondicionado del coche con HFC, sustancia más respetuosa con el medio ambiente, cuesta de trescientos a ochocientos dólares.

Los acondicionadores de aire que funcionan mal suelen perder freón, y obviamente resulta mucho más barato reparar los sistemas defectuosos y volver a llenarlos con freón que modificarlos para emplear los hidrofluorocarbonos. Actualmente, en Estados Unidos todavía se puede utilizar freón reciclado, y también clorofluorocarbonos que han estado inventariados. Pero la fabricación de estos productos químicos es ilegal, por lo cual sus existencias se reducen rápidamente. En consecuencia, hay muchos motivos para que las empresas poco éticas busquen suministros ilegales. No son difíciles de encontrar: el protocolo de Montreal autorizó a algunos países no industrializados a continuar fabricando freón hasta el ano 2010; una consulta rápida por internet revela que varias empresas chinas se ofrecen para embarcar freón, completado con falsos certificados de «reciclaje»; México también produce legalmente freón por una cantidad aproximada de cinco dólares el kilo; en Estados Unidos, un kilo puede superar diez veces esa cantidad, haciendo así muy lucrativo el contrabando desde México. Con todo esto, no resulta sorprendente que el freón ocupe el segundo lugar, sólo con la cocaína delante, en el rankingáe importaciones ilegales en Estados Unidos.

domingo, 16 de marzo de 2008

Laboratorio japonés Kibo

El transbordador Endeavour despegó el martes 11 de marzo en la madrugada del Centro Espacial Kennedy de Cabo Cañaveral, con siete astronautas a bordo, rumbo a la Estación Espacial Internacional (ISS), llevando en su bodega el primer elemento del laboratorio científico japonés Kibo.

Un minuto después de alzarse sobre el océano Atlántico en la oscuridad de la noche, el transbordador alcanzó una velocidad de 2.425 km/h. Dos minutos después del despegue, los dos cohetes de apoyo, que proporcionan el 80% del impulso, se separaron del lanzador para caer en el mar, de donde serán recuperados y reutilizados.

Propulsada por sus tres motores criogénicos, la nave espacial estadounidense alcanzó la órbita terrestre 8,3 minutos después del lanzamiento. Antes, el depósito externo se desprendió del transbordador para caer en el atmósfera, donde se desintegró.

El Endeavour emprendió su viaje hacia la Estación Espacial Internacional, a 342 km de la Tierra, a la que se unió el miércoles a las 4h 20m hora española. A continuación se acopló la primera etapa del laboratorio japonés Kibo, para investigaciones de microgravedad. Los astronautas estadounidenses Rick Linnehan y Garrett Reisman terminaron la conexión en su primer paseo espacial de siete horas, tal como estaba previsto.

El Endeavour también transportó un sistema robotizado canadiense para completar el brazo robótico de la Estación.

Avión militar de transporte A400M (EADS)

El pasado jueves 13 de marzo se iniciaron en Getafe (Madrid) las pruebas estáticas del fuselaje y las alas del avión de transporte militar A400M.

Para los ensayos se utilizan un total de 125 cilindros hidráulicos y 6.000 sensores.

Durante los ensayos se prueba toda la estructura y especialmente las partes construidas con fibra de carbono. Con estas pruebas se somete al avión a esfuerzos ciclicos que permitirán comprobar su resistencia a la fatiga.

Llegada del fuselaje del avión A400M a Getafe, a bordo de un Airbus “Beluga“, procedente de la factoría de Bremen.

Fabricación de los fuselajes en Bremen.

El avión está diseñado para transportar 37 toneladas de carga. Utiliza cuatro motores turbohélice TP400-D6, fabricados por EuroProp International (EPI), empresa formada por Rolls-Royce, Snecma Moteurs, MTU Aero Engines e Industria deTurbopropulsores (ITP).

Las hélices disponen de 8 palas.

El montaje del prototipo del avión, que realizará el primer vuelo, se realiza en la factoría de CASA-EADS, en Sevilla.

Estructura del avión.

Aspecto de la cabina de mandos.

De este modelo de avión Alemania ha comprado 60 unidades, Francia 50, España 27, Inglaterra 25, Turquía 10, Bélgica7, Sudáfrica 8, Malasia 4 y Luxemburgo 1.

Disección de un fluorescente compacto

Una lámpara compacta fluorescente (También llamada CFL, del inglés Compact Fluorescent Lamp) es un tipo de lámpara fluorescente que se puede usar con casquillos con rosca Edison estándar (E27) o pequeña (E14).

En comparación con las lámparas incandescentes, las CFL tienen un tiempo de vida mayor y usan menos energía eléctrica para producir la misma iluminación. De hecho, las lámparas CFL ayudan a ahorrar dinero en la factura de electricidad.

Hemos diseccionado una OSRAM DULUX SUPERSTAR de 21 w de potencia, fabricada en Alemania. Según el catálogo del fabricante este tipo de lámparas duran 10.ooo horas. En Luz84 se puede conseguir a un precio de 15,48€.

Mediante una sierra de arco separamos el tubo propiamente dicho del casquillo de rosca que va unido a la reactancia electrónica. Los contactos de los filamentos del tubo simplemente se apoyan presionados sobre los correspondientes contactos del circuito impreso de la reactancia electrónica.

El tubo fluorescente está formado por tres secciones en forma de “U“.

Conexiones eléctricas del tubo fluorescente. En el esquema están indicadas mediante (1)F, (2)F, (3)F y (4)F.

Zona de unión de las diferentes secciones del tubo fluorescente.

Vista lateral del tubo.

Con la sierra liberamos el casquillo de rosca de su cubierta de plástico, para dejar al descubierto la reactancia electrónica.

Circuito impreso de la reactancia electrónica.

Detalle del circuito impreso en donde se pueden ver las pistas, los extremos soldados de algunos componentes situados en la otra cara del circuito impreso y una resistencia (364) y un condensador, no rotulado, soldados por esta cara.

Aquí se puede ver el esquema del circuito electrónico. En este esquema existen componentes SMD, que son los que están soldados por la cara de las pistas del circuito impreso. Estos componentes son las resistencias 274, 362, 393 y 364, y los condensadores identificados con (C) y ENA (C).

Los puntos de conexión (1)F, (2)F, (3)F y (4)F corresponden a los contactos de los filamentos de los dos extremos del tubo fluorescente. El 1 y el 2 corresponden a un filamento y el 3 y el 4 al otro filamento. Se puede ver que los dos filamentos están conectados en serie por medio de dos condensadores de 10 nK 500 y de 8 n2K 500.

Reactancia electrónica. Los dos cables van soldados al casquillo de rosca. En el centro destaca el condensador electrolítico. También se pueden ver resistencias, transistores y diodos.

Por este lado se puede ver la reactancia bobinada. En el esquema sus extremos están indicados con L1, L2, L3, L4 y L5.

La capa más externa de la reactancia bobinada la forma una bobina de 31 espiras de hilo de cobre esmaltado, conectada entre L2 y L3. Le sigue otra bobina de 31 espiras conectada entre L4 y L5. La bobina interior de 210 espiras está conectada entre L1 y L5. En la fotografía del desmontaje de la reactancia se pueden ver los trozos de ferrita, rotos al intentar desmontarla.

Otra vista del circuito de la reactancia electrónica.

El tubo fluorescente contiene una pequeña cantidad de mercurio, razón por la que no es muy prudente romperlo, ya que el mercurio es un producto muy contaminante. Pero para ver que es lo que hay por dentro no queda más remedio que romperlo. Apretando el tubo de vidrio, con unos alicates, cuesta romperlo debido a su forma cilíndrica, pero un pequeño movimiento lateral o un golpe lo quiebra con facilidad. Del mercurio ni rastro, de hecho la rotura del tubo fue bastante inesperada (¡Que tontería!) y los trozos cayeron por el suelo, por lo que bien pudiera haber habido algun rastro de mercurio y perderse por el suelo.

Se trata de ver como están dispuestos los filamentos de los extremos del tubo.

Estos filamentos están fabricados con hilo de tungsteno dispuesto siguiendo una espiral y con ella otra espiral y con esta segunda una última espiral de tan solo tres espiras.

viernes, 14 de marzo de 2008

Realizar animaciones con Windows Movie Maker

Usando el programa Windows Movie Maker podemos utilizar secuencias de fotografías para crear una animación. Las imágenes del escenario de la secuencia se han obtenido con el programa SketchUp. En Google SketchUp se pueden descargar multitud de dibujos para el programa SketchUp.

Estas son animaciones de prueba realizadas con estos dos programas.



domingo, 9 de marzo de 2008

Lanzamiento del primer ATV

El vehículo de abastecimiento ATV (Automated Transfer Vehicle) es una nave espacial robótica que asumirá las funciones de abastecimiento, retirada de residuos y elevación periódica de la Estación Espacial Internacional (ISS). No lleva tripulantes. El vehículo pertenece a la ESA (Agencia Espacial Europea) y es fabricado por 38 compañías, siendo el principal contratista EADS. Está prevista la fabricación de hasta 7 unidades ATV.

El primer lanzamiento de un ATV, concretamente el del “Julio Verne“, tuvo lugar durante la noche del sábado al domingo desde la base de Kourou, en la Guayana francesa. El lanzamiento del “Julio Verne“ se realizó a las 01 horas 03 minutos locales del domingo (04 horas 03 minutos GMT). Luego, el motor superior del cohete Ariane 5 que lo propulsó fue encendido dos veces para efectuar correcciones de trayectoria, antes de la puesta en órbita provisional de la nave, a 260 km de altitud, con una inclinación de 51,6°.

Éste es el 23 lanzamiento con éxito del cohete Ariane 5 y el primero de la versión Ariane 5 ES reencendible durante el vuelo.

El ATV (Automated Transfer Vehicle) es un vehículo de 20 toneladas que abastecerá la ISS de agua, combustible, alimentos, oxígeno y material científico para realizar experimentos.

Placas PICAXE 18

La empresa inglesa PICAXE fabrica dos placas de proyectos para utilizar con la familia de microcontroladores de 18 pines. La que se muestra a continuación, tiene como referencia CHI030 y utiliza un circuito integrado ULN2803A (Conjunto de 8 transistores Darlington), para poder conectar a las salidas del microcontrolador motores u otros componentes que necesiten un gran consumo eléctrico (Permite intensidades en las 8 salidas de hasta 800 mA). Si no se utilizase este circuito integrado se dañaría el microcontrolador al conectar directamente motores eléctricos.

En el esquema anterior las lineas rojas representan pistas del circuito impreso por su cara inferior, e indican los puntos en donde se encuentra la masa (Gnd) y el voltaje positivo “V1+“ y “V2+“. El circuito integrado de la izquierda es el microcontrolador PICAXE 18 (PIC16F627) y el de la derecha el integrado ULN2803A.

A continuación se puede ver el esquema de conexiones del integrado ULN2803A.

El microcontrolador utilizado en esta placa puede funcionar con un voltaje entre 3 y 5 voltios. Para alimentar la placa se puede utilizar un único portapilas conectado tal como se indica en el gráfico siguiente (Conectando en V2+). De esta forma se alimentan tanto el microcontrolador como el circuito integrado que alimenta las salidas.

Si en las salidas se precisa un voltaje mayor de 5 voltios (Hasta 12 voltios) se habrán de alimentar por separado el microcontrolador y las salidas. Para que la placa admita esta doble alimentación se ha de quitar la resistencia de 100 Ohmios que hay en la parte superior.